TITULO: En el centro de masajes

"... Mi mano derecha, que en un principio yacía sobre la barriga de Elena, y entre sus propias manos, quizás por la excitación del momento, comenzó un suave baile acariciando su vientre, primero con un suave movimiento ..."

Uno de los mejores episodios de mi vida, si estamos hablando de su vertiente erótico-sexual, lo he pasado en un centro de masajes.

Me presenté un día allí porque la propietaria que lo había montado había sido antigua clienta mía. La saludé y me invitó a pasar. Precisamente donde las masajistas esperan mientras llega la clientela. Por si alguien no lo sabe en estos centros te hacen un buen masaje por todo el cuerpo, de una duración aproximada de 1 hora. Al final suelen hacer un final feliz, en forma de masturbación (o relax manual, como ellas suelen denominar).

Por lo tanto, ya que, según veis está más dedicado al cliente varón, las masajistas lucen un atuendo sexy, como una bata blanca corta, con generoso escote o algo parecido. Suelen ser chicas guapas y bien formadas. La verdad es que cuando se te van presentando todas para luego poder decidir cuál de ellas prefieres para el masaje, un cosquilleo recorre tu entrepierna, augurando el morbo y el placer próximo.

Lo cierto es que tras varias visitas (también algún que otro masaje) las chicas me acogían con alegría cada vez que llegaba y yo, la verdad, es que me encontraba muy a gusto entre ellas. Es curioso porque las chicas se llevaban muy bien entre ellas, y había un ambiente relajado y alegre en la pequeña sala (cosa que he comprobado que no suele ser muy normal en estos ambientes).

Un día estábamos 4 chicas y yo, charlando. No estaba la jefa entre ellas y llegaron dos clientes, con lo que después de las presentaciones, 2 de ellas marcharon a las cabinas con los clientes y nos quedamos Sonia, Elena y yo, Fede.

Sonia estaba sentada a mi izquierda, en un banco largo, y a mi derecha, tumbada en el banco, con la cabeza apoyada en mi muslo derecho, estaba Elena, intentando conciliar el sueño, pues era esa hora de la tarde que tanto invita a la siesta. Apoyé mi cabeza en el hombro de Sonia y me dio un besito en la frente.

No sé porqué levanté el rostro hacia ella y me encontré sus labios. Mmmm, qué labios, blanditos, suaves, húmedos... ¿porqué se considerará el beso una cosa sólo reservada a la pareja? A mí me encanta disfrutar de un buen beso, y por lo que se ve a ella también, porque permanecimos con los labios unidos un buen ratito.

Poco a poco el beso fue subiendo de tono, los labios se entreabrían, la lengüita hacía pequeñas incursiones humedeciendo los labios del otro, o tocando la lengua del “inter besador” unas veces cortamente y otras con más pasión. ¡Qué besos los de Sonia! ¡Cuántas veces me acuerdo de ellos! Duramos unos minutos supongo, que parecían eternos. Con los ojos cerrados, ambos, supongo, yo sí, porque así los disfruto cantidad.

Mi mano derecha, que en un principio yacía sobre la barriga de Elena, y entre sus propias manos, quizás por la excitación del momento, comenzó un suave baile acariciando su vientre, primero con un suave movimiento de los dedos, pero poco a poco aumentando su perímetro de acción.

Mi mente andaba loca, ese beso me estaba calentando muchísimo, y encima, la otra chica parecía dejarse hacer, dejarse querer... me atreví a meter los dedos en la abertura que dejaban 2 botones de la bata y contacté con su piel suave, y ella se dejaba, ya no había duda, y avancé inexorablemente hacia el sur, lenta y sensualmente.

Llegué a la gomilla de su ropa interior y pasé por encima de la tela para notar y acariciar por primera vez su zona genital, ella apoyó sus labios en mi antebrazo en señal de aprobación y después de unas suaves caricias me atreví a internar mis dedos por debajo de sus braguitas. Por entonces podéis imaginar cuán húmedos eran los besos con Sonia.

A Elena la continué acariciando muy suave, tenía el pelo del pubis muy recortadito, y sobre él apoyé la palma de mi mano para que mis dedos no ejercieran excesiva presión sobre su parte más delicada. Hacía llegar la punta de mis dedos a la parte más interna de su coñito, para con su propia lubricación hacer más suave la rotación sobre su clítoris. El hecho de que ella abriera sus piernas me llevó a un grado de excitación tal que una leve caricia sobre mi miembro hubiera desencadenado un feroz orgasmo. Pero nadie se acordó de mí esta vez, de cualquier forma el nivel erótico de la sala era impresionante.

Como ésta es una historia real, pues se ajusta a un final real como fue el hecho de que un nuevo cliente llamó y la jefa se acercó a la sala para decir a las chicas que se prepararan para presentarse. Y así, de una manera natural, como había empezado terminó todo, las chicas se presentaron y volvieron a la sala.

Aún recuerdo la expresión de Mapi, mirándome por primera vez a los ojos y mordiéndose ligeramente el labio inferior... “¡qué pena! si llega a venir un minuto más tarde... estaba a punto”.

Este es mi primer relato, a ver si puedo seguir escribiendo, porque esta casa fue para mí fuente de experiencias inolvidables como cuando entré a la cabina con dos chicas a la vez después de aceptar la sugerencia de una de ellas durante varios días...

“Anímate a un cuatro manos, Fede, con Tea y conmigo” y otro día “¿pero crees que vamos a hacer mucho masaje?”.

Y en otra ocasión el orgasmo que tuvo Talía a solas conmigo en la salita de las presentaciones, porque se encontraba súper mojada ese día, o cuando a Estela le hice un masajito en la espalda, y luego llegué a otras partes e incluso utilicé unos cubitos de hielo para darle mayor erotismo al asunto...