Hola me llamo Carolina tengo 21 años, vivo en el D. F, soy lesbiana y les voy a contar mi primera relación con una mujer, y si les gusta, después les contaré otras buenas anécdotas que he vivido con mis amigas.
Empezare por describir mi cuerpo, el cual creo que es bastante hermoso: Mido 1.68, soy rubia, con ojos color miel, delgada, mis pechos no son muy grandes pero los tengo muy ricos paraditos, suavecitos como para apachurrármelos todo el día, con unos pezoncitos rosas bien lindos, eso si mis nalgas son grandes, paraditas, duritas y muy estrechas.
Para no hacerles el cuento largo, cuando iba en 5to. de secundaria tenía 18 años (por cuestiones de salud perdí unos años) todas eran menores que yo, excepto una que tenía también 18 llamada Sofía con la que me llevaba muy bien, y creo que siempre la vi muy incitante, pero pensé que solo era que aunque fuera mujer reconocía su belleza, como con otras mujeres. Pero empecé a sospechar cuando una noche me estaba masturbando y al querer pensar en un chico que me calentara, pensé en Sandra.
Era la fiesta de fin de curso y yo quedé de ir por mi amiga en el carro de mi padre, yo llevaba un vestido rojo sin hombros que me hacía ver el trasero enorme, pues estaba muy entallado. Cuando Sandra bajó por las escaleras y la vi casi me desmayo, llevaba un blusa muy pegadita que le hacía ver los senos extremadamente grandes, un pantalón con el que se notaba que llevaba una tanga o que no traía nada.
Fuimos a la fiesta y todo transcurrió normal excepto por que tenia la curiosidad de mi posible atracción hacía mi amiga. Ya de regreso en el carro y con un poquito de alcohol encima para darme valor le dije a mi amiga que me sentía atraída hacía ella (la secundaria había acabado y si se enojaba no la volvería a ver y se acabó) y para mi sorpresa ella me dijo que sentía algo parecido.
Me acerqué para besarla, ella me respondió y al mismo tiempo me tocó el trasero, me sorprendí pero como me gustó yo le acaricié un seno, acto seguido ella corrió el zíper de mi vestido y me quitó mi brassier, quedé completamente desnuda y muy caliente, así que le quité la blusa y su bra para ver esos enormes senos con los que antes había soñado, pasamos a la parte de atrás del carro solo con nuestras tanguitas puestas y al ver la mía noté que estaba completamente empapada por mis jugos, Sandra también lo notó y me dijo:
- ¿te la puedo mamar?, yo acepté.
Se agachó me quitó mi tanguita besó mi conchita la cual había afeitado, empezó a frotar sus dedos contra mi vulva lo cual me puso tan caliente que casi le grito que me coja, ella notó mis crecientes gemidos y pujidos y me la empezó a mamar con lengüetazos largos y profundos que hacían que mi cuerpo se retorciera y gimiera...
-No pares, decía mientras apretaba su rostro contra mi conchita.
Traté de masturbarme pero no me dejó y me dijo:
-Hazlo por detrás o pararé.
Tomé mi dedo y penetré mi ano, la sensación fue tan sorprendente que al poco tiempo terminé por venirme y bañar todo el rostro de Sandra con mis flujos, los cuales me hizo lamer de su rostro y sus pechos, me encantó saborear mi venida mezclada con el sabor del cuerpo de Sandra. Al terminar de limpiar el cuerpo de mi “amiga” me dijo: -Es tu turno...
Empecé por tomar un poco del néctar de Sandra ponerlo en mis manos y masajearle las tetas, y aunque no estaba segura de lo que hacía noté al instante que le encantó, pues empezó a cerrar los ojos y a moverse como una perra cogiendo. Aunque Sandra era hermosa no se había afeitado el chocho y no quería tener la boca llena de vellos púbicos (aunque fueran de ella), así que la hice sentarse en mis piernas viendo así el frente, tomé su rajita y la abrí con dos dedos y con la otra mano la comencé a masturbar, como lo hacía yo misma, tocando su punto g, y supe que lo había encontrado cuando comenzó a empujar su conchita contra mi mano y a gemir frenéticamente.
Se excitó tanto que no tardó nada en mojar todos mis muslos, los que siguiendo su ejemplo hice que me lamiera. Estaba excitada en extremo pero decidí dejar esta experiencia lo menos hasta otro día, por que aunque sabía que tal vez no nos volveríamos a ver también sabía que el verano sería muy largo.
Acabo de abrir un e-mail especialmente para que me escriban diciéndome que les pareció mi relato y si desean que escriba otros.